miércoles, 31 de julio de 2013

Los amigos no mueren.



Querido diario:
Tuve una pelea estúpida con dos buenos amigos… las cosas se rompieron y no sé cómo repararlas. Probablemente todo se solucionaría con un “lo siento” viniendo de todas partes, pero ¿somos tan fuertes como para hacerlo? Solemos ver los problemas gigantes, sentimos que nos aplastan pero en realidad son pequeñas cosas que se arreglan fácil, tengo miedo… miedo de no hacer lo correcto, miedo de tomar las decisiones equivocadas. Hay gente que se ha ido de mi vida porque yo les cerré las puertas, porque me dejaron o porque murieron… y no vivo en paz con ninguna de las opciones.  Ahora… estoy confundida, muchas de esas personas volvieron y estoy muy agradecida, aunque el tiempo no paso a su espera, pero en fin… el problema son los que no están… sea la razón que sea.

Quizá decir que mañana pediré disculpas pueda ser tarde, no sé si voy a morir mientras duerma, pero si despierto lo hare, de verdad lo hare. Porque hace años he sufrido golpes muy fuertes con amigos que se van, pero ellos no tienen la oportunidad de escuchar mis disculpas. Es terrible que te digan: “murió” es horrible…

La primera vez, fue con un chico que conocí en san Luis potosí, un lugar muy cerrado donde hasta fumar (siendo mujer) está mal visto) fui a un baile, sí, ranchero… y ahí lo conocí, a él le gustaba el metal, era el único en el lugar, el primero que le gustaba eso, pasamos la noche hablando, él quería conocer la ciudad donde vivía, le prometí que alguna vez tendría una camioneta genial e iría por él… era muy pobre y el poco dinero que tenía lo ocupaba para su tratamiento ya que estaba enfermo, igual que yo ahora, de los riñones. Siempre nos hablábamos por el Messenger, cada día, nos hicimos grandes amigos y en cada visita a su estado nos veíamos, era tan divertido, la última vez que lo vi… estaba diciéndome que mandaría todo al diablo, tomaría el dinero y se iría a conocer el país, yo sonreí. Cuando fue mi cumpleaños me mando mil postales, estaba tan feliz, un agosto iba yo embarazada, quedamos de vernos en un kiosko en el centro del pueblito… pero yo estaba muy mal y no podía salir sola, esa tarde ni ninguna otra nadie quiso acompañarme a verlo y no había manera de decirle que no podría llegar, seguramente me espero cada tarde y nunca llegue…
Cuando dejábamos el pueblo, en el camión vi una mirada, voltee a ver, era él… estaba tan triste, tan pálido, tan derrotado, no pensé que fuera él, no quería creer que fuera él… mamá me dijo que lo saludara pero yo cubrí mi vientre y voltee la vista sintiendo que su mirada no me dejo… en cuanto llegue a casa espere verlo en línea para decirle que lo sentía, pasaron días… una semana más tarde lo vi… y le mande un enorme mensaje de disculpa… “disculpa eres amiga de Johan?”  Me dijo una persona… sí, lo soy… “debes ser muy fuerte, Johan murió y me pidió que le avisara a sus amigos cuando esto pasara”…..

No supe que decir… nada…  cuando volví a ese pueblo no me atrevi si quiera a visitar su casa, no vi sus cenizas, no he podido verlo de nuevo y cada marzo lloro por eso…
Victor, el primer Victor, un niño lindo con el cual tenía mega años de hablar, era tan sensible, tan cariñoso… siempre me invitaba a salir, pero me negaba, no quería ir aunque sabía que era en plan de amigos, la última vez por fin le dije que iríamos al concierto, ese día hablamos de ballet, de sus sueños, de su cabello… y luego… estaba muerto… tampoco he podido verle… no me atrevo…

Hilary… no, no puedo seguir narrando esto, porque sólo me hace un nudo en la garganta, pero a los cuatro… los cuatro eran unas personas tan buenas, tan lindas, nunca dejaron de apoyarme.. y ahora no están, no quiero perder a nadie más, no quiero pasar por eso de nuevo, no quiero…


Nunca sabemos cuándo la muerte llega, por eso, no hay que molestarnos, hay que siempre sonreír, perdonar, decir lo que queremos decir, no vaya ser muy tarde.





Dejar de tener miedo.



Querido diario: No me he movido de mi casa toda la semana, me ha dado mucho miedo salir, mucho miedo a subirme a un auto, estoy ya dos veces en las estadísticas de los accidentes... pero alguien me ha dicho "También lo estás en la de los sobrevivientes"
No podemos vivir con miedo, tenemos que enfrentarlo, el miedo es un agujero sin fondo cuando crees que lo has vencido caes a otro nivel y a otro, hay que enfrentar los miedos sea cual sea, hace unas semanas uno de mis peores temores era vivir cerca de mi padre pero me enfrente a él y estoy por mudarme a la casa siguiente de él, me aterran los accidentes, pero no puedo quedarme para siempre en casa, además me gusta mucho viajar, me gusta ver largas carreteras y sentir en aire en mi rostro sobretodo en la noche, estoy harta de subir a un auto y gritar por cada coche que viene cerca de nosotros. Tengo miedo de los terremotos, pero la tierra es la tierra y ella puede hacer lo que le venga en gana y nosotros sólo bailar con ella. Me dan mucho miedo los OVNIS y para pensar en ello me contradigo… ya que creo que es egoísta pensar en que somos los únicos, pero otra parte de mi quiere, desea que no existan… quizá no son tan malos. Me dan terror las ranas… pero sólo son anfibios que podría pisar y dejar de mirarlos si fuera una mujer cruel,  tal vez deba tocar una, estudiarlas… no sé…
Pero mi mayor miedo no son los autos, ni los OVNIS, ni los terremotos o las ranas… mi mayor miedo es la muerte, no quiero morir ahora sin haber dejado una huella, pero la huella ya está en el suelo, viviré hasta que mis amigos y mi familia quieran, no sé qué venga después de la muerte, no sé si hay un túnel, si hay un cielo o si volvemos a nacer, de ser así no quisiera nacer más, siento que he vivido demasiadas vidas y el recuerdo que curiosamente no puedo recordar pesa sobre mis hombros como si cargara la misma luna. También me da miedo el amor… porque está relacionado con la muerte, o al menos eso creía, el amor muere. Pero no es verdad, el amor siempre se queda ahí para ayudarnos a reflexionar de cualquier cosa, el amor sólo es, y estoy segura, que eso me salvara de todos mis miedos.

martes, 30 de julio de 2013

Ser normal para poder ser loco.



Querido diario.
Apenas y me he dado tiempo de pensar, estoy días le di unas vacaciones a mi cerebro. Luego de terminar las novelas quede un poco seca y deprimida, que claro no mejoro mucho con lo del accidente… cual por cierto no atendí, no he ido al médico y me está matando el cuello, hoy desperté de un humor terrible y como si fuera poco el riñón izquierdo (A quien yo llamo señora riñona) está de chipil y me duele tanto que quisiera arrancarme la piel y sacármelo con mis manos… En fin había pasado mis días sin cerebro jugando bitefight… y como estoy en una mala racha tuvieron que suspenderme la cuenta, obligándome automáticamente a despertar mi cerebro, entonces volví a hacerme preguntas, me sentí melancólica, tuve ganas de escribir y de crear, de salir a la calle, caminar bajo la lluvia…
Creo que todos pasamos por algo así, es más creo que la mitad del mundo vive así, apaga su cerebro para no pensar y entonces se mueven como salmones con todo el resto del mundo, un grupo gigante de zombies que siguen porque dicen que es bueno seguir, pero cuando se dan cuenta su vida ya se escapó por la ventana y son ancianos, o están muertos en un accidente, en una pelea. No sé qué me espere a mí de hoy en adelante, es decir, no me encuentro bien para lidiar con mis problemas y quisiera volver a apagarme o al menos tener algo en que centrar obligatoriamente toda mi atención… estas vacaciones se me han hecho eternas y yo sólo quiero volver a la realidad para luego escapar de ella.

domingo, 28 de julio de 2013

Día dos. Un accidentado día.



Querido diario:
Ayer por la tarde nos dirigíamos a una parrillada con los amigos, yo me encontraba demasiado triste… Miraba a la ventana esperando que algo llegará para cambiar mi estado de ánimo, los coches avanzaban y la música del conductor me hacían sentir aún más melancólica. Me estaba sumiendo en la realidad y no había locura capaz de salvarme. Mi hija cantaba una canción que no entendía, mi esposo sacaba el dinero de su bolsa para pagar, estábamos a unas calles de nuestro destino, el semáforo estaba en verde, nuestro transporte dio la vuelta, vi con toda claridad como una camioneta de carga acelero, creí que se escucharían llantas frenar en el pavimento, pero en su lugar llego un impacto contra nosotros….
Mi peor pesadilla estaba volviéndose real, un par de mujeres con un bebé en los brazos comenzaron a gritar, dos chicos que venían a mi lado cayeron al suelo, mi marido fue a dar hasta la parte frontal de la combi, mi cabeza se chocó contra el cristal y un segundo impacto nos llegó, mi hija estaba saliendo disparada por el vacío, mis manos se aferraron a ella y puede jalarla hacia mí, el movimiento se detuvo, mire al techo y me pregunte ¿Por qué de nuevo? las lágrimas empezaron a salir de mis ojos, mis manos temblaba, mi espíritu se quebraba. Mi marido abrió no paraba de preguntarle a la niña si estaba bien, abrió la puerta y nos ayudó a salir, el chofer estaba ya peleando contra el conductor que nos impactó… la furia de mi esposo comenzó a hacerse presente atacando a ambos hombres, comencé a llorar y le pedí que parara… caminamos en silencio hacia nuestra siguiente parada.
No podía dejar de llorar y los chicos que antes viajaban con nosotros ahora caminaban detrás, nos rebasaron y no dejaban de voltear a verme, seguro no entendían que aquello para mí era la peor cosa que podía pasarme, aún tengo miedo de los autos después de mi primer accidente hace ya casi dos años. Mi cabeza comenzó a retumbar, sentí mi cráneo palpitante y caliente, Vlad me preguntaba si estaba bien, si algo me dolía y no podía dejar de decirle que no lo sabía… estaba apagada y en shock, olvidando lo que había pasado. Pensaba en regresar a casa, pero mis pies seguían a la casa de mi amiga, en silencio, entre gritos de mi alma. Cuando llegamos y los salude no pude contenerme y me solté de ellos para encerrarme en el baño y llorar con todas mis fuerzas. Lloré hasta que no tuve más lágrimas y entonces pude volver con ellos.
Después de un analgésico y tontamente una cerveza comencé a sentirme mejor, me fue inevitable comprar cigarros, estaba tan nerviosa y angustiada. La amistad comenzó a transformar mi ánimo y cuando menos lo note ya estaba mucho mejor, estaba sonriendo y hablando con todos, igual que siempre. La noche se animó y empezó el karaoke, los tragos de alcohol se repetían uno tras otro y no podía contenerlo, me estaba poniendo ebria ignorando mi cráneo y cuello dolorido. Cantamos todo tipo de canciones, reímos, comimos carne asada, nos encontramos a los chicos de hace 6 años divirtiéndose sin ningún temor. La noche se nos fue de prisa, para cuando me fui a la cama tuve la primera consecuencia, una pesadilla atroz que mi esposo termino entre besos y abrazos. Me sentí protegida…
El día estaba corriendo con naturalidad… pero de pronto mis dedos dejaron de escribir… se me acaban las palabras y las lágrimas vuelven a mí, tengo miedo… y no sólo del accidente, otras cosas que me aterran llegan gritando y me vuelvo el insecto más pequeño del mundo.